Concibo el arte y la educación como aliados inseparables: el arte abre puertas al asombro y a la imaginación, mientras que la educación guía, acompaña y da raíces. En ese diálogo, los niños descubren que aprender también es un acto de belleza, que cada nota, cada movimiento y cada emoción son semillas para construir un mundo más humano y luminoso.
Mi propósito es ser una maestra que inspira, que despierta en cada niño la confianza de que es capaz de aprender y crecer. Creo que el aprendizaje florece cuando se cultivan también las emociones, pues ellas son la raíz del bienestar y la llave para convivir en comunidad. Por eso, en cada espacio busco abrir un lugar donde la música, el juego y la sensibilidad se encuentren, ayudando a formar seres humanos curiosos, empáticos y plenos.
Me inspira ver cómo, a través del arte, los más pequeños se atreven a explorar, crear y expresarse, descubriendo en cada experiencia nuevas formas de conocer el mundo y de conocerse a sí mismos.
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