Soy una mujer que ama la vida con el corazón despierto.
Cada amanecer es una invitación a observar, sentir y agradecer las maravillas del entorno; en ellas encuentro la fuerza para continuar y la certeza de que cada día es una oportunidad para transformar mentes y abrazar corazones.
La naturaleza es mi refugio y mi maestra.
Respirar su presencia, contemplar su belleza y permitirme habitarla sanan mi mente, mi alma y mi corazón. Amo descubrir caminos nuevos, perderme en lugares desconocidos y encontrar magia en lo simple: una taza de café, el susurro del viento, el canto del agua que corre.
Me reconozco en el agua que desciende por las cascadas: libre, cambiante, siempre en movimiento. Así dejo fluir mis saberes, permito la llegada de lo nuevo y suelto aquello que ya no nutre. Camino liviana, confiando en los procesos y en la sabiduría del cambio.
Soy mentora por vocación y por amor.
Más que impartir conocimiento, siembro experiencias; dejo huellas que permanecen en la memoria y en el corazón de los niños y las niñas. Me enamora acompañar de cerca su crecimiento emocional, espiritual y social, observar cómo florecen mientras caminan su propio ritmo.
Creo en el aprendizaje que nace del juego, del arte, de la exploración y de la palabra compartida. Creo en los espacios donde los infantes se sienten seguros, felices y vistos, generando aprendizajes significativos donde aprender es un acto de amor y libertad.
Porque estoy convencida de que:
"lo que se siembra hoy será el adulto que florezca mañana"
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