Estoy comprometida con la construcción de comunidad desde el respeto mutuo, la colaboración y la creatividad como motores para habitar el mundo con sentido. La literatura es para mí una puerta sensible para comprender la vida, narrarnos y abrir diálogos profundos con los niños y las niñas, entendiendo la educación como un encuentro vivo entre el pensamiento, la emoción y la palabra.
Creo firmemente que todo proceso formativo debe estar atravesado por el amor: amor por el aprendizaje, por la infancia, por el otro y por lo otro. Mi manera de actuar se sostiene en el respeto, la escucha y el cuidado consciente. La comunicación con los niños y las niñas es una medicina para mi alma; su mirada, sus preguntas y su forma de habitar el mundo me recargan, me transforman y me recuerdan cada día por qué elegí acompañar este camino.
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